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Entrevista en DIRIGENTES

¿Por qué España obtiene tan malos resultados en Educación? ¿Que se está haciendo mal? España está el segundo por la cola, solo superado por Turquía, en muchos aspectos y sin embargo demostramos en otros ámbitos profesionales nuestra agudeza, creatividad, capacidad de sacrificio y competitividad. Lo que está pasando es que nuestro sistema educativo ha fracasado. Exige una urgente revolución de contenidos, actitud por parte del profesorado, alumnado y de los padres y madres, con la ayuda a prestigiar la educación por parte de las autoridades en lugar de lo contario.
Necesitamos una educación más emocional, adecuada a los tiempos, muy diferente a la que tenemos, den la que el protagonismo lo recupere el aprendizaje y cada ser humano diferente que es cada alumno y alumna. Y no la evaluación y organización, que es lo que más parece importar ahora.
Los alumnos españoles son muy inteligentes, pero necesitan aprender a estudiar, a leer mejor, a expresarse mejor, a solventar con esfuerzo los obstáculos, pero con éxito también, con una motivación muy diferente y mayor y un método más adecuado para empezar por lo posible y lograr la experiencia del éxito.

2. Teniendo en cuenta la cantidad de reformas educativas que ha aplicado el Gobierno,  ¿Ninguna ha sido acertada?
La política y la educación desde hace años son malas amigas. La una no prestigia ni permite desarrollar personalmente la segunda. La educación se ha politizado y ofuscado con una organización soportable que se ha vuelto insoportable. El desencuentro de padres, madres, prof4esorado, alumnado y política es creciente, y necesitamos volver a componer el equipo para que todos disfruten del éxito que merecen, incluso los políticos, pero pensando en educación de verdad cuando hablen de educación. La nueva reforma es como querer hacerle cosquillas a Goliat o pretender curar una enfermedad mortal con una tirita.
La educación requiere un cambio mayor, consensuado, en que todos pongan por encima de los intereses particulares, los intereses del niño, la felicidad de todos: docentes, alumnado, personal no docente, padres y madres y políticos también. Es posible, pero por un camino muy distinto al que andamos desde hace muchos años.

3. En concreto, ¿Que errores tiene la LOGSE?
La LOGSE y la LOMCE ahora tiene muchos aciertos. El principal: que intenta en el plano teórico contemplar que hay niños muy diferentes en un aula. El problema es que no conlleva un cambio de actitud en el profesorado, no prestigia la profesión docente, no le da la autoridad que requiere, separa a niños por dificultades, lo que es un atraso para todos, confunde atención y educación con instrucción, no saca lo mejor de cada individuo, incluso el docente. Sigue con contenidos obsoletos, mal secuenciados por edades. No premia en la evaluación la mitad de nuestro cerebro, esa mitad más humana: la creatividad, imaginación, intuición, capacidad de síntesis, emoción…. Curiosamente la mitrad más apreciada en el mundo profesional y personal luego. En definitiva, se ha intentado encargar de organizar los cursos de otra forma, y para ese viaje no hacen falta estas alforjas. Los niños no aprenden lo que necesitan y así nos va. Menos mal que la OCDE de vez en cuando nos recuerda que el mundo entero va mejor que nosotros. Lo peor, es que tenemos numerosos expertos y profesional docentes, y familias de primera. Que con facilidad nos harían ponernos en primera línea educativa mundial. ¿Pero a pocos acuden las autoridades a preguntar cómo hacerlo cuando ellos no saben o quizá no lo hacen porque saben que probablemente tendrá que decir: “eso es imposible”, cuando sacar del coma en que esta nuestra educación es más sencillo de lo que creemos y mucho más de lo que estamos haciendo?

4. ¿Es cierto que hay más profesores de los necesarios? ¿La solución pasaría por el despido de personal? Lo importante no es cuántos profesores, sino qué tipo de profesores son los más necesarios hoy, en los centros de hoy y con el alumnado y familias de hoy. No sobran. Solo tenemos que renovarnos. Comenzar una revolución que empiece por el propio profesor motivado y prestigiado por las autoridades y generadores de opinión. Un profesorado de los más adecuados para dar clase y enseñar y motivar a su vez a cada alumno, sea como sea. De esos faltan más, no sobran.

5. Y en un plano general, ¿Qué medidas habría que tomar para igualar el nivel educativo en España con el del resto de Europa?

  1. Enseñar a leer mejor en los primeros cursos de Primaria, comprensivamente y con capacidad de resumen y esquematización de lo visto, oído o leído.
  2. Estimular más los sentidos, receptores de la información.
  3. Prestigiar la reflexión, creatividad e imaginación, por encima de la información y la memoria.
  4. Prestigiar y puntuar como heroicidad el esfuerzo y el orden, aparte del resultado.
  5. Enseñar a escuchar, observar, hablar, escribir y memorizar mejor en Primaria.
  6. Hacer menos exámenes y dedicar más tiempo a enseñar que a evaluar.
  7. Motivar más al profesorado y estos más a los alumnos, evitando los padres la sobreprotección que tanto esfuerzo destruye.
  8. Evaluar positiva y constructivamente.
  9. Revisar y cambiar los contenidos para aprender lo necesario, de la forma más adecuada y más útil a la inteligencia, a la madurez y a la felicidad.
  10. Hacer equipo, buscando siempre el bien del protagonista que aprende: el alumno y alumna.

 

LA EDUCACIÓN SE MUERE POR COTILLA

La educación está en una situación crítica. Se muere si no hacemos algo, y el bienestar de nuestro país con ella.

Parece diseñada para lograr la frustración de padres, madres, docentes y alumnado. Sobrevive por la heroicidad de muchos de los padres, madres, alumnado y profesorado que pone su vocación profesional o su valía personal como peldaño para subir los obstáculos que ella pone a cada paso. Junto a ellos, otros muchos perdieron la ilusión de conseguirlo y así está hoy, enferma, desorientada. Requiere una revolución pacífica y decidida. Que aún no se ve llegar.

Los alumnos son más inteligentes de lo que viendo sus notas parecen y más si aprendieran a motivarse y saber qué paso han de dar en primer lugar, cuál en segundo y tercero, con la seguridad de que hallarán satisfacción al hacerlo. Entonces todos los alumnos pueden ser Einstein. A Albert le pasaba lo mismo que a la mayoría de los que hoy fracasan hasta 4º de E.S.O. No es casualidad. También le pasaba a Isaac Newton y a Steve Jobs. Y es que en nuestro sistema las notas siempre mienten. Hay quienes sobresalen sin ser muy inteligentes, ni siquiera muy trabajadores, y hay quienes trabajan mucho, lo que no se ve, y son muy inteligentes, y no pasan de un 6 o no llegan en muchos casos.

Nuestra escuela requiere cambiar. Volver la mirada al que aprende y lo que aprende. Desde lo profundo y teórico, a lo superficial y también práctico.

Si la escuela dedicara, por ejemplo la E.Primaria a enseñar a leer mejor, escribir mejor, hablar mejor, escuchar, observar, crear, sintetizar, calcular y reflexionar mejor, todos los alumnos y alumnas harían la Secundaria, Bachillerato y Universidad si lo desearan, con notas superiores a 7, con gusto y facilidad. No habría fracaso escolar y sus derivados. Ocuparíamos el puesto más alto en los informes PISA, en lugar de los más bajos, como ahora, porque hacemos justo lo contrario. Cada vez descuidamos más todo esto en la práctica y el fracaso sube a cotas insoportables del 45% de fracaso escolar, que este año crecerá, porque nadie parece que vaya a evitarlo con radicales medidas. La reforma legal que estrenamos este curso es una broma para lo que necesitamos.

Quizá lo haga un profesor bueno concreto si el alumno tiene suerte, o un alumno concreto si el que tiene suerte es el profesor, o un alumno y un profesor al tiempo, si el afortunado es el padre y la madre. Es decir, que hoy en día la buena educación parece cuestión de suerte. La suerte de tener un buen profesor, alumno, padre y madre. Como siempre. Seguimos sin mejorar. Lo que ocurre es que las probabilidades van disminuyendo conforme aumenta el desprestigio de la educación, el descuido y la utilización política de la misma.

Los que sacan sobresaliente no son extraterrestres. Solo seres humanos. El ser humano es sobresaliente y está diseñado de forma portentosa para lograr lo heroico y la felicidad. Y mucho más fácil, para estudiar, aprender y sacar buenas notas: las que uno quiera, para lo que quiera.

Un curso nuevo empieza. Estrenamos con él algunas reformas más o menos pintorescas que no servirán para lo que requiere nuestra educación: un cambio a fondo, que renueve contenidos, actitudes, motivación, métodos, proceso de acceso, evaluación e implicación de todos. Mucho me temo que no habrá gran cambio, pese a lo que nos urge.

La escuela necesita convertirse en una experiencia más intelectual, emocional y reflexiva de la información: menos cotilla. Enseñar qué pasa o pasó, pero, sobre todo, qué importancia tiene.

La educación ha de resucitar, servir a la persona, ser menos cotilla, preocuparse menos por lo que ha de repetirse, ser menos efímera, ser más útil al ser humano. Convertirse en auténtico medio de progreso y aprendizaje, convivencia (no tanto rollo organizado del día de la paz cuando en el recreo cae mártir algún alumno, mirando a otra parte el vigilante harto de experimentar que su intervención no es suficiente).

La escuela de hoy, volcada exageradamente hacia un tiránico hemisferio cerebral izquierdo (el de la lógica, la memoria, la atención, el cálculo, el idioma, la lengua…), carga los exámenes de información a la que se tendría acceso en unos trece segundos (que es lo que tarda un alumno de 2º de E.S.O. en averiguar los primeros exportadores de trigo frente a los cinco minutos que tarda en memorizarlo, para dos semanas después olvidarlo y no echarlo de menos en toda la vida).

Mientras hay alumnos brillantes, muy trabajadores incluso, que suspenden y tienen una inteligencia por encima de la media. Basta que tengan hiperactividad, déficit de atención, tengan predominancia del hemisferio cerebral derecho (creativo, sensible, imaginativo, sintético), teman fracasar, necesiten más reconocimiento, sean el del medio de varios hermanos y ejerzan como tal, sufran problemas en casa, sientan ansiedad a quedar mal, no hayan aprendido a tolerar frustraciones, lleven mal la adolescencia, quieran agradar al líder no estudioso, se consideren despreciado por el profesor, no hayan aprendido a leer más de 270 palabras/minuto comprendiendo, o no hayan aprendido a estudiar: resumir, hacer esquemas, memorizar, tomar apuntes, escribir, redactar, controlar el nerviosismo y tiempo en exámenes… Demasiada probabilidad.

La escuela necesita cambiar, lo demás es renunciar a las consecuencias de la buena educación: incluidas el bienestar, la paz, la libertad y la felicidad. Y no están los tiempos para tanto derroche.

 

LA EDUCACIÓN ENTRA EN COMA

La historia de un país sigue la historia de su educación. El verdadero bienestar de un pueblo surge de la calidad de su educación. Por eso el nuestro está en entredicho.
España irá a la deriva si no rectifica el rumbo de su educación. El sistema español educativo huele a podrido y solo lo sostienen algunos padres, madres, alumnas, alumnos y algunos docentes vocacionales a los que no se le reconoce prestigio ni se les valora lo suficiente como para seguir haciéndolo bien con fuerzas.
Docentes extraordinarios e intachables y padres y madres ejemplares, junto a alumnos inteligentes y dispuestos a trabajar lo que sea necesario con tal de obtener resultados, conviven con muchos otros docentes desmotivados que perdieron ya su propia orientación, desubicados, junto a madres y padres sobreprotectores que también perdieron el rumbo  de su educación en casa y alumnos de nuevo inteligentes, más de lo que dicen su eficacia y resultados, pero caprichosos, que solo aspiran a resultados sin esfuerzo y resultados hoy, crecientemente desmotivados y sin saber qué hacer cuando se quiere hacer algo pero no se encuentran ganas o no se sabe cómo empezar.
Los estudiantes de todo el mundo son más inteligentes de lo que dicen sus resultados. La escuela debería  atender a sus verdaderas necesidades escolares: intelectuales y vitales también. Aprender, capacitar y ayudar a desarrollar eficaz, personal e íntegramente al alumnado deberían ser sus objetivos. Y lograrlo más de lo que lo logra hoy.
Es necesario poder aprender en la escuela de hoy de una forma nueva porque vivimos tiempos nuevos. Como por ejemplo, incluir la importancia de la reflexión sobre la información, añadir el aprendizaje y la enseñanza emocional, el fomento esencial de las operaciones de nuestro hemisferio cerebral derecho (como son la creatividad, la imaginación, intuición, gobierno de las emociones a la hora de resolver problemas también matemáticos o físicos, la capacidad de síntesis…) sin eliminar las propias del también esencial hemisferio izquierdo, omnipresentes tiránicamente hoy en la escuela (las de la atención, memoria, lógica, secuencia, cálculo, idioma…), necesarias, pero que han de ser enriquecidas con las del derecho, si de verdad queremos dar una posibilidad de triunfo y de felicidad a nuestros hijos y alumnos en su día a día y retos de hoy y en su desarrollo personal, profesional y social mañana.
Es hora de despreciar la genética, porque lo importante no es cómo nacimos, sino en qué podemos convertirnos si actuamos adecuadamente. Es hora de desterrar de la escuela el desencuentro de padres, madres, alumnado y profesorado, llamados todos a colaborar juntos para la realización idónea de cada uno.     
La situación educativa ya es insostenible para todos: docentes, madres, padres, alumnas y alumnos, que no ven cumplidos sus deseos ni sus necesidades personales y se ven continuamente obligados a salvar obstáculos innecesarios, algunos insalvables tal y como se les presentan, que no lo serían con algo de buena intención por todas las partes.
Pareciera que el sistema educativo estuviera perfectamente diseñado para hacer infelices a padres, madres, profesorado y alumnado. Alimentando el desencuentro de todos y no satisfaciendo a ninguno.
La reforma que se inicia este curso es ridícula. Resultará como tratar un cáncer con una tirita y retrasa los cambios necesarios. Urge cambiar contenidos, modos, actitud, evaluación, motivación y método en la escuela, sin más retraso.
Cambiar el rumbo de la educación en España es posible y tan importante que no deberíamos perder un minuto. Sabemos hacerlo. Es cuestión de hacer a menudo lo contrario de lo que nos mandan hacer las autoridades educativas.
Ahora que comienza un nuevo curso bueno sería recodar que todos los niños y adultos pueden ser Einstein, porque la genética apenas pesa comparada con lo que podemos hacer: cambiar nuestra ruta cuando queramos si damos los pasos adecuados y encontramos las fuerza para hacerlo.
Cada docente, madre y padre, tenemos en nuestras manos poder motivar y enseñar cómo puede triunfar cada hijo y alumno, ayudándole a enfrentarse con su propio esfuerzo y su motivación eficaz.
Es el momento de no esperar que nadie venga a solucionarnos lo que se ha convertido en un problema, la educación, que no hace más que empeorar. Madres, padres y docentes podemos enseñar a nuestros hijos y alumnos cómo lograr el éxito, sintiendo la necesidad y poniendo el esfuerzo que esa necesidad requiere, encontrando las fuerzas suficientes, la motivación, y encontrando cómo dar los pasos eficaces posibles: el método más adecuado a su situación. Siendo cada uno el protagonista de su propia educación y futuro.
La educación en España ha entrado en estado crítico, lleva tiempo en coma. Reanimarla no depende solo del propio enfermo-alumno que quiere recuperarse, ni de los médicos-padres y madres, ni de los enfermeros-docentes, ni de lo que estorben o no los directores de los hospitales-políticos, sino de todos conjuntamente, cada uno en su sitio, por el bien de cada alumno, de cada familia, de cada comunidad autónoma y del bienestar y de la historia de todo el país, que en estos momento más que nunca pasa por un cambio radical en la educación. Cambio que se espera y aún no se atisba. Los nuevos cambios recién estrenados, servirán para hacer cosquillas a Goliat, y dependerá de lo que logremos hacer con ellos los docentes que quedamos motivados, pero desde luego no son la solución que ya necesitamos con urgencia.

 

“Mejorar la educación consistiría en hacer lo contrario de lo que a veces nos proponen las autoridades educativas”

La historia de un país sigue la historia de su educación. El verdadero bienestar de un pueblo surge de la calidad de su educación.

España irá a la deriva si no rectifica su rumbo. El sistema español educativo huele a podrido y solo lo sostienen algunos padres, alumnos y docentes a los que no se le reconoce el prestigio que merecen ni se les valora lo suficiente.

Junto a éstos, convivimos padres sobreprotectores que hemos perdido el norte de la educación y alumnos caprichosos - más inteligentes de lo que dicen sus resultados-, que solo aspiran a obtener buenos resultados sin esfuerzo.

Es necesario poder aprender en la escuela de hoy de una forma nueva porque vivimos tiempos nuevos. Más emocional, que conceda más importancia a la reflexión que a la información y que fomente las operaciones que realiza nuestro hemisferio cerebral derecho, como son la creatividad, la imaginación, la intuición y el gobierno de las emociones.

Todo ello, sin menoscabo de las funciones propias del hemisferio izquierdo, omnipresentes tiránicamente en la escuela, como son las de la atención, la memoria, la lógica, la secuencia, el cálculo y el idioma, Todas tan necesarias, como complementarias, pero que han de ser enriquecidas con las facultades de nuestra mitad cerebral derecha del derecho, si de verdad queremos la felicidad de nuestros hijos y su desarrollo personal y profesional.

Hay que desterrar de la escuela el desencuentro entre padres, alumnos y profesores, e invitarlos a colaborar juntos para la realización idónea de cada uno de los estudiantes y su aprendizaje real: protagonistas de la escuela.

Urge cambiar contenidos, modos, actitud, evaluación, motivación y método, sin más retraso. Sabemos cómo. Es cuestión de hacer a veces lo contrario de lo que nos propone el sistema alimentado por algunas autoridades educativas.

El sistema educativo es insostenible porque no cumple con las expectativas reales de nadie. Todos nos vemos en él obligados a saltar obstáculos innecesarios que a veces, en el caso de los alumnos sobre todo, parecen insalvables, y no lo serían con algo de buena intención entre todas las partes implicadas.

Sabemos hacerlo mucho mejor. España cuenta con profesionales, alumnado, padres y madres excepcionales.

Ahora que comienza un nuevo curso bueno es recodar que todos los niños y adultos pueden ser Einstein, porque la genética apenas pesa comparada con lo que está en nuestra mano aprender a hacer.

Cada docente y progenitor tiene en sus manos en buena parte motivar y enseñar a su alumno o hijo cómo lograr el éxito que se le escapa: enfrentándose con su propio esfuerzo, aprendiendo a estudiar mejor, de verdad, con mejores esquemas, mejores técnicas para realizar un examen, empezando por lo más fácil y eficaz…, siendo el protagonista de su aprendizaje y futuro.

La educación en España ha entrado en estado crítico, reanimarla no depende solo del propio enfermo-alumno, ni de los médicos-padres, ni de los enfermeros-docentes, ni de lo que estorben o no los directores de los hospitales-políticos, sino de todos. Cada uno en su sitio, por el bien de cada alumno, de cada familia, de cada comunidad autónoma y del bienestar y de la historia de todo el país.

Los nuevos cambios recién estrenados no son la solución que ya necesitamos con urgencia. Servirán para hacer cosquillas a Goliat. Y una vez más dependerá de lo que logremos hacer los docentes, padres, madres y alumnado que aún quedamos con ilusión y fuerza.

Aprendiendo a ser feliz

Los niños lo dicen: NECESITAMOS MOTIVAR DE OTRA FORMA

Los norteamericanos se han alarmado. Uno de sus pilares educativos, la motivación, se les ha venido abajo en el último estudio realizado.

Los que llevamos algunos años impartiendo conferencias y escribiendo libros sobre el poder de la Motivación con mayúsculas, siempre defendimos que la motivación norteamericana estallaría muy pronto. Y es que la motivación yanqui se centraba en el voluntarismo y el deseo, y se olvidaba de los pasos que llevan al remedio de los problemas y al éxito real. A nadie motiva ni orienta el "tú puedes" de tantas películas que se nos han ido contagiando, ni el "No te preocupes. Yo estoy aquí y no permitiré que te pase nada", por ejemplo del padre de la película John Q, cuando habla a su hijo, lleno de dolor. Como si el querer del padre pudiera sanar al hijo. O engañar fuera motivar.

Decir: "tú puedes, verás como lo consigues si te lo propones", solo logra aumentar la ansiedad, especialmente en un niño, que teme un nuevo fracaso. "Esta vez lo conseguirás", es anunciarle una oportunidad más de quedar en evidencia. La motivación de verdad, clave de todo triunfo costoso, no tiene que ver con el aliento, sino con saber que algo se logrará de veras, porque se ha experimentado antes otros logros tras poner el esfuerzo acertado. Es decir, porque se tiene el convencimiento de que se es capaz de elegir los pasos adecuados para conseguir algo y poner el esfuerzo que requiere.

Al publicar recientemente Todos los niños pueden ser Einstein (Ed. Toro Mítico), numerosos periodistas en las muchas entrevistas que ha originado, me confesaban que al leer el libro les sorprendía que la educación y el aprendizaje tuvieran tanto poder, por encima de cualquier coeficiente intelectual genético. Y es que el ser humano desconoce su potencia.
Einstein no era superdotado, sino un chico con todos los síntomas de un fracasado escolar, hasta bien avanzada su adolescencia. Lo que de él hizo un genio fue encontrase en su camino cuatro personas que le ofrecieron la motivación que necesitaba y estimularon el método de su triunfo hasta lo que hoy representa para la ciencia y la humanidad. Hoy todos los niños pueden ser Einstein, si empleamos los adultos a su alrededor, sobre todo padres y profesores, el método eficaz y la motivación adecuada que cada uno necesita.
Una motivación basada en la verdad, en la mesura, en evitar la sobreprotección. Centrada en enseñarle a hacer lo que puede aprender a hacer. Esperar a que lo haga. Confiar en que lo hará bien con práctica. Que lo note porque lo creamos de verdad. Que sepa que nosotros no escribimos por él, sino que le compramos el lápiz y les enseñamos las letras. Que nos sentimos muy orgullosos cuando hace algo difícil, maduro. Y que sabe que igual que puede aprender a salvar los obstáculos de hacerse la cama, poner la mesa, ceder la mejor parte, también logrará cuanto se proponga.

Así como un niño no aprende cuando es inteligente, sino que se hace inteligente al aprender, tampoco pone esfuerzo cuando es capaz, sino que se hace capaz cuando entiende la necesidad y pone el esfuerzo que el logro requiere. Al cabo todos los niños buscan ser héroes en algo, pero los actuales renuncian a intentarlo demasiado pronto cuando no encuentran alrededor la seguridad de que lo conseguirán y el método para lograrlo.

     
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